jueves, 28 de junio de 2012

Adios Pamplona, adios.

Y dijo adios a todo lo que se encontró por delante, al sonido de la maleta gastada al cerrarse, al color de las baldosas, a la puerta y su acostumbrado portazo, a las escaleras, al viento que le atizó justo al descubrir la calle, a la señora que paseaba a su gran danés como quién lleva una barra de pan, al anciano sonriente sentado en su banco acostumbrado, a la farola fundida, al paso de cebra, al ruído del tráfico, al verde del parque amurallado. Dijo adios a tantas cosas que ya no sabe si podrá recordarlas. Lo más probable es que no recuerde ninguna, pero el quería despedirse. Para qué limitar la euforia cuando esta llega con colosal expresividad. Luego subió a su autobús, que le llevó a su avión. se sabe que miró hacia atrás y también que sonrió, no por la felicidad de haberse deshecho de ese lugar, sino más bien, porque se daba cuenta de que los recuerdos de esa parte de vida quedarían para siempre, de los detalles sin importancia, de esos ya se había despedido.





De como el desconocido narrador pretende agradecer su etapa de estudiante: rollo, conclusiones y despedida.

Lo más difícil de las despedidas es la realidad a la que se refieren. A veces pensamos que lo difícil es elegir las palabras adecuadas, si, eso también es importante, pero las palabras son adecuadas o no en función de lo que representan, al final, lo que ocurre es que se está dejando atrás algo, un lugar, unas personas...y relatar, narrar, resumir, agradecer como se debería en un pobre discurso resulta imposible

No quisiera ponerme sentimental o empalagoso, aunque no sé como decir esto sin siquiera parecerlo. Todo lo que quiero decir ya está dicho en todas partes, pero eso no me quita las ganas de gritarlo. En esta etapa de la vida que acaba de terminar he vivido demasiadas cosas, tantas que me extraña que no sea viejo, al estilo de Benjamin Button. Ha sido poco tiempo, y mucha gente, ahora vendría el discurso de Bilbo pero en versión agradecida, quitandole la soberbia y las ganas de fastidiar. No soy Bilbo, ni Tolkien, soy otro personaje de otra historia todavía por terminar, pero sinceramente, lo escrito hasta ahora me da un buen sabor de boca, y al estar grabado y regrabado, creo que nunca podré omitirlo.

En estos años he descubierto muchas cosas de mí (un ejemplo sería el hecho de escribir, ¿que hace un disléxico escribiendo? muy simple, disfrutar.) y sobretodo de los demás. Me considero un observador con mala memoria, por lo que me cuesta saber dónde he aprendido cada detalle, cada gesto. En parte eso es lo que me falta para escribir bien (entre muchas otras cosas). Observando a cada una de las personas que he conocido en el colegio mayor, en la universidad, en el coro... he aprendido a entender quizás un poco más su forma de ver el mundo, y mejorar la mia. No tengo conclusiones, y si las tuviera no soy nadie como para largarlas como quién come patatilla (¿¿¿¿¿????) (algún día mejoraré las comparaciones) lo único que puedo decir es GRACIAS a todo y a todos. Mañana 29/06/2012 a las 6 sale el autobús y diré adios a Pamplona. Realmente, será un día muy raro.