jueves, 28 de julio de 2011

Entre lo absurdo y lo racional: anécdota de un enano


En la espesura de un bosque, oculto entre las zarzas, había un enano, bastante pequeño para su edad, con una barba larga y una gran melena, tez oscura y ojos negros. En sus manos empuñaba una espada bien afilada. Observaba, oculto a cierta distancia, los andares de un león, no era una visión agradable, sobretodo si se estaba dispuesto a enfrentarse a semejante bestia. En un momento de arrojo, de estos que a veces nos abordan sin darnos cuenta, se descubrió ante la fiera. Fueron dos minutos intensos, de estudio del adversario. El león esperaba el ataque y el enano ser atacado, la duda apareció en el enano ¿esto es necesario? pero ya estaba hecho. En el león no había duda posible.

lunes, 18 de julio de 2011

El arte de ser artista.


Buscando la perfección el artista Galiano empezó a recorrer el mundo. Entró en todos los museos y galerías, recorrió las ciudades más emblemáticas. Se paseó por los lugares que crearon a grandes artistas: el Moulin Rouse, el monte Fuji, los paisajes ingleses y otros lugares cuna de artistas futuros... en sus indagaciones, descubrió que lo único que le faltaba para conocer la esencia del arte, era entrar directamente en la mente del artista; conocer su forma de pensar, su vida, sus costumbres, sus gustos, sus debilidades... de esta forma el artista pasaba a ser parte esencial del arte, o arte en sí. Luego, después de este hallazgo, quiso ir todavía más lejos, ¿Porque solo es arte la vida de los artistas? tras darle un par de vueltas al asunto decidió que toda vida es arte. Al llegar a tal conclusión dejó de ser artista para convertirse en pensador ya que al ser dueño de su vida, nunca dejaría el arte de lado.

viernes, 15 de julio de 2011

El atraco.


Caminaba lento, como de costumbre, ligeramente encorvado. Giraba la cabeza de vez en cuando, receloso de ver un rostro conocido o una cara sospechosa. Tenía muy claro su objetivo, conseguir una suma de dinero demasiado elevada para su vida de costumbres. Tras largos minutos de paseo, apareció al alcance de la vista el ansiado banco. Era tal como se lo había imaginado, paredes blancas, un portal custodiado por dos columnas de estilo griego y dos oficiales armados de rostro inquietante, mirada fría y postura intimidatoria. A nuestro hombre esa imagen le produjo vértigo, le entró un pánico controlado, al que supo anteponer sus ganas de riquezas y futuras glorias. Subió el pequeño peldañeado que daba acceso al edificio y pasó entre los dos pilares y los dos guardias. Nadie le registró para ver si llevaba un arma. El disfraz de anciano estaba dando un buen resultado. Se acercó al mostrador, al saludo de buenos días hizo una sonrisa irónica y sacó una pistola, apuntando directamente a la frente de la joven, esta, mirándole a los ojos preguntó con cara extrañada ¿Papá?

Nuestro atracador quiso despertar pero era demasiado extraño como para ser un sueño.