lunes, 24 de enero de 2011


Todavía recuerdo el sonido del mar, el olor de la playa y esa brisa marina con la que el tiempo se acelera. Fíjate, he visto dos veces el mar y se me ha grabado su imagen mucho más que la del jardín de ahí fuera. Hay veces que me pregunto por qué dejé de lado mis sueños, aunque la respuesta es muy fácil; porque me decanté por uno de ellos. No necesito nada más. Te preguntarás por qué hoy estoy así, tienes razón en eso de que ayer estaba muy callado, y tengo la respuesta a tu pregunta. Hoy al despertarme, me he dado realmente cuenta de que morir no significa callarme.

miércoles, 5 de enero de 2011

Día 6 por la mañana.



Se levantó con una energía impropia de él, incluso media hora antes de lo planeado. Cogió unas cacerolas y se internó en la habitación de sus padres. Por respuesta recibió un frustrante "falta media hora"; lo intentó llorando un poco. No daba resultado. Fue corriendo al salón, a mirar debajo del árbol. Casi rompe el jarrón de la mesilla por la desesperación de no ver ningún regalo, se habían olvidado de él, le habían traicionado. Volvió a la habitación de sus padres, esta vez con miedo en el rostro y unas lágrimas incontenibles. Ni se lo pensó, entró armando el escándalo. Buscando de entre la oscuridad a su madre. Focalizando en ella su rabieta. Sabía de sobra que solo se podía dar con los Reyes Magos vía carta, y estaba dispuesto a escribirla de nuevo.

Se ausentó de la habitación de sus padres durante dos minutos con este fin. Su carta consistió en un par de dibujos ininteligibles que querían representar una moto teledirigida y un camión de bomberos. Sin detenerse en contemplaciones, entró de forma ruidosa en el cuarto y vio a sus padres levantados, mirándole fijamente. Extendió su carta hacia su madre y se ofreció como voluntario para acompañarla mientras la tiraba al buzón. Debía asegurarse. Al volver a casa se encontró con la sorpresa y con un hilo de voz solo pudo decir "magia".