
Estaba yo cumpliendo mi deber, como capitán del navío "Esperanza". Manejando el timón para mantener el rumbo. Nos dirigíamos hacia las islas Mosán, partiendo desde el puerto de Cala vieja, al norte de Mortoñe. Llevábamos ya día y medio de viaje, y divisamos un buque a una distancia aproximada de 5 millas. Según mis oficiales, y yo era de la misma opinión, ese barco tardaría dos días y medio en darnos alcance. Como el puerto al que nos dirigíamos se hallaba a un día desde las coordenadas en las que nos encontrábamos, solo debía preocuparme de mantener el rumbo y escoger los mejores vientos.
El barco que yo lideraba contaba con una tripulación de 100 hombres, de los cuales 10 eran oficiales, 10 artilleros y los restantes marineros de baja condición. Solo habían sido adiestrados en el arte de interpretar los vientos, y manipular las velas. Nadie se había encargado de enseñarles a disparar cañones, o una noción básica de combate. Comprenderán que con semejantes pasajeros no me podía permitir una batalla.
Lo que aconteció después aún no puedo explicármelo, empezó una tempestad y, de tan ocupados que estábamos para evitar volcar, no nos dimos cuenta de la maña del buque que nos perseguía. En 20 horas nos dieron alcance, bastó con un simple cañonazo para organizar el escándalo. Al no disponer de tripulación competente impedí a mis hombres el organizar una escaramuza y les convencí para no ofrecer ninguna resistencia, confiando en la dignidad del agresor. Yo mientras esto ocurría, al percatarme de la enseña pirata del otro buque, decidí coger un bote de forma discreta, y asegurar así mi supervivencia. Dejando a todos mis hombres sufriendo las consecuencias de mis actos. Llegué a puerto tres largas horas después del abordaje. Mientras remaba pude escuchar el clamor de una refriega distante, que fue demasiado breve. Con esto puedo garantizar la pérdida de esos 100 hombres, y del mejor navío de nuestras filas.
Espero que su señoría pueda tener piedad de este cobarde, pues considero la cobardía como una enfermedad y no un defecto o un acto de egoísmo como piensan otros. Por ello espero que su señoría entienda mi conducta y juzgue, siempre en su recto proceder, de forma ventajosa, para salvaguardar a este servidor de la corona, que enfermo, no pudo atender su obligación.











