lunes, 27 de junio de 2011

Tiempo de semáforos


Hoy he decidido suprimir el café. Creo que ya estoy suficientemente animado como para someterme a semejante estimulante. En los días que corren, no hay mejor manera de despertar que el salirse de lo cotidiano. Fijaos, Ayer, mientras esperaba que el semáforo se pusiese en verde, me puse a cantar. Había mucha gente y no parecían muy entretenidos, reinaba el silencio, no pensativo sino aburrido, reflejo de cotidianidad y pesadez, me atrevería a decir de rendición. Debo admitir que me hirieron bastante las miradas que me dedicaron algunos. Quizás tenían auténticos problemas...

Cuando llevaba 20 segundos cantando solo, en voz alta, mejor dicho, en voz muy alta, empecé a escuchar que alguien me acompañaba. Era una chica de la acera de enfrente, estaba sonriendo. De repente, las caras cambiaron de uniforme, ahora vestían de una extraña alegría, espontanea. Al sonido de los coches se les sumaron algunas voces más, muy leves, con miedo a ser escuchadas... Algo es algo, luego el semáforo se puso en verde y cada uno se fue por su lado. Eso sí yo lo hice cantando, y creo que algún otro también.

Esta historia pertenece a la imaginación y en ella residirá hasta el fin de la vergüenza.

martes, 21 de junio de 2011

Breotamia


Todo lugar tiene su historia. Por aquí antes pasaba un río, y esa cascada que ves allí no era más que un simple acantilado. Si te fijas en esa roca, pretende ser una estatua a tamaño natural. Como ves, los artífices no destacaban por su altura. En su tiempo debió estar rodeada de muchas otras semejantes, como símbolo de opulenta riqueza. Nada que el tiempo no pueda marchitar.

Detrás de lo que ahora es una cascada, hay una cueva. En realidad es la entrada a un mundo desconocido. Los arqueólogos no lo han descubierto, no creo que convenga que lo hagan. Bajo esa cordillera se edificó una ciudad, cada rincón fue labrado por los mejores escultores, El interior de la montaña tenía más vida que el agua de esa cascada. Y no era para menos, se trataba de la gran Breotamia.

Un día unos pioneros de la construcción que usaban técnicas avanzadas en esta materia decidieron construir debajo del río una sala de reuniones. El proyecto era ambicioso, pretendían conseguir una habitación capaz de reunir a 100 personas, con el techo alto y solemne.

Cuando estaba a medio construir, se pensó que quizás se podría decorar el techo dándole relieve. A la primera cincelada, ese techo cedió y el río fue el único ocupante de la sala. El agua empezó a llenar todas las salas, los teatros, los comedores, las habitaciones. Llegó a inundar zonas desconocidas. Tardó varios meses en volver a la superficie, y cuando lo hizo, fue en forma de cascada. Ahora el interior de las cavernas se ha convertido en un criadero de mosquitos. Y el recuerdo de aquellos que en su día fueron alguien, solo sirve de moldura para mantener el agua estancada.

jueves, 9 de junio de 2011

La cueva.


Conozco un lugar dónde se esconden los escarabajos. Es bastante oscuro y a veces hasta da un poco de miedo. Solo te contaré lo que nos pasó a tu tío Jorge y a mí cuando fuimos a ese sitio. Ocurrió hace mucho, teníamos una edad parecida a la tuya. Un día, buscando cangrejos en una calita del mediterráneo, vimos un pez de color dorado que se adentraba en una cueva todavía desconocida. Decidimos seguirlo ya que era muy importante que ese lugar fuese explorado. Intentamos capturar al pez para enseñárselo a tus abuelos, teníamos la ventaja de la oscuridad, pero no sirvió de mucho.

Cuando llevábamos un buen rato explorando la cueva, y la oscuridad nos obligaba a guiarnos con las manos (en esas situaciones, los sentidos se agudizan y eres capaz de escuchar cualquier ruido) nos dimos cuenta de la presencia de un gran murciélago, nunca había visto uno tan grande. Y créeme, nos asustamos muchísimo. Empezamos a correr, yo iba delante, y de pronto un chapoteo estridente hizo que me diese la vuelta. Jorge se había caído.

El eco de un aleteo ruidoso apareció al instante. Con el pánico en las venas, intentamos llegar hasta la salida. Leyendas de vampiros e historias de miedo torturaban nuestros pensamientos. Cuando pudimos ver lo que nos perseguía, el miedo fue sustituido por el asco. Una bandada de escarabajos aleteaban entre nuestras cabezas. Es admirable lo torpes que son, muchos chocaron contra nosotros. A tu tío casi le entró uno en la boca y se le posaron tres o cuatro. Me parece que el eco de nuestros chillidos todavía retumba en esa caverna... Es por ese motivo por el que me da mucho asco eso que tienes ahí. Te pido que, por favor, no vuelvas nunca a ponérmelo en la espalda.

jueves, 2 de junio de 2011

sencillez.


Vive en un sueño, o por lo menos aspira a vivir lo que sueña. Hace todo lo que considera oportuno para alcanzar esa meta. Es extraño que no se rinda nunca, mucha gente emprende ese camino pero nunca les lleva a ninguna parte, solo a un dolor incierto que no entienden. Él en cambio, es simple. Le gusta gastar su tiempo en conocer gente, ir de aquí para allá sonriendo. Muchas veces le veo por el parque hablando con personas mayores o jugando con algún niño pequeño. Siempre está dispuesto a echar una mano. Podría decir que le conozco, lleva viviendo en mi casa un año, pero no estoy muy convencido de eso. Puedo asegurar que él me conoce, no se como lo hace, pero entiende a cada persona con una simple mirada. Tiene 12 años, entre los cuchicheos de las personas que le rodean suele decirse que parece un crio de 5. Yo diría que tiene 100. Es muy difícil entenderle, es algo que no conseguiré en la vida. No sé cómo será su futuro, pero su presente no deja de inquietarme... ¿Cómo puede ser que un chico huérfano, sin familia, sin amigos... sea capaz, de alguna manera, de ser niño?