martes, 24 de julio de 2012

Oda al cine


Estaba dando literalmente las últimas pinceladas, tonos grises y azules para ese cielo apacible y agitado. Estudiando su nueva obra una y otra vez. El orgullo del artista reflejaba la maestría del cuadro, con sus casitas de teja, sus montañas escarpadas y serenas y sus pequeños personajes paseando entre los jardines, como si tuvieran vida propia. Algunas palabras se escapaban de la mente del pintor, eran nombres propios, expresiones, gestos, susurros. Historias dentro de historias, pequeñas anécdotas sin trascendencia. Vivía tanto su cuadro que parecía estar dentro de él. Veía perfectamente cómo un hombre alegre encontraba casualmente a su princesa cayendo de un granero, y como la señorita Sabrina espiaba una fiesta encaramada a un árbol, o como Edwar Bloom, un joven audaz y confiado, pretendía aventurarse en una cueva sombría. Veía en uno de los mejores jardines del pueblo a la joven Scarlett tonteando con una gran manada de muchachos sonrientes. Miró un poco a la izquierda y sonrió al ver a esos tres niños que corrían agachados alrededor de la casa de vallas blancas, pretendiendo ver sin ser vistos al enigmático "Boo"

Estaba orgulloso de su obra, un cuadro de sueños poblado por soñadores, con el colorido lo más vivo posible, intentando asemejarlo a los paisajes de Constable, muchos verdes y azules pálidos, lluvias de colores y paisajes en un día luminoso y fresco.

Dejó los pinceles en su sitio, echó ese último vistazo tan gratificante y apagó la luz, desapareció por el pasillo diciendo "la oda al cine ya está terminada". Por supuesto en la exposición de la Rambla nadie llegó a entender el título.