miércoles, 10 de diciembre de 2014

El brillo seco


Con la sangre en los talones. Mis pies de color lila pálido, no se mueven los dedos. Estoy solo. A cada grito solo contesta el hielo. Se desprende un poco, murmura y susurra sonidos fríos. No se si saldré de aquí, el sol empieza a reflejar su luz afilada, todo brilla, nada consuela. No veo el horizonte solo esta montaña insuperable. Sigo gritando. El silencio grita más fuerte. La mueca del cielo se extiende, y nieva. Algún niño estará bailando. Avanzo a ninguna parte, sigo caminando. Quién sabe, a lo mejor si no estuviese perdido hasta disfrutaría del paisaje.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Sabiduría

- Las metas más altas están siempre a un palmo del suelo. Eso no debe extrañarte, porque cada vez que alguien elige una meta basa su elección en la dificultad de ésta. Resulta que la meta más difícil de alcanzar no es aquella en la que hay que saltar para cogerla, sino aquella que simplemente hay que agacharse. Digo esto porque las metas más insuperables lo son porque nadie las ve como metas, las omiten. Si quieres ser astronauta empieza por ser humilde y trabajador. El 96% de niños como tú que quieren ser astronautas se dedican a...

- ¿Abuelo, me puedo ir al columpio?

- (sonriendo para si) No te hagas daño.

martes, 30 de septiembre de 2014

¿Vamos a pasear?



Todos salimos a pasear al perro, todos. Hay días que se podría decir que el perro nos saca a pasear. No es la primera vez que lo pienso. Recuerdo esa primera vez. Empezó casi como si Pongo adelantase el reloj, solo que mi perro se llama Martes y lo único que hizo fue ladrar.

Intenté seguir con mi trabajo. Como muchas veces me empezaron a llegar los primeros escobazos al techo de parte de mi encantadora vecina. Y por primera vez decidí que me daba igual. Que seguiría perdiendo el tiempo con el ordenador, con Martes ladrando a una puerta sin vida y con la vecinita intentando seguir el ritmo.

Hay situaciones que no pueden durar demasiado. Como era lógico la vecina subió a visitarme, iba sin la escoba ¡menos mal!. Al verla le di las buenas tardes y la invité a tomar un café. No se si eso la calmó o la enloqueció, la reacción fue ponerse a reir.

"¿Es que tengo que sacar yo a tu perro?" desde mi cansancio dije "sería una gran idea". No lo hizo.

El paseo fue cotidiano, monótono, como siempre. Martes me sacó a pasear un jueves por la noche. No conocí a nadie, pero hablé con muchos conocidos. No es algo que me apasione eso de hablar por hablar, y menos después de un día encerrado en una habitación. No tenía muchas opciones, la señora Bernard quería saber por novena vez la edad de Martes, y otras personas se interesaban por otras minucias. Fue un paseo rutinario.

El fresco de la noche me hizo bien. Me di cuenta de eso porque, al llegar a casa y descubrir el desorden, me sorprendí a mi mismo ordenando un poco. Casi sin mirar el ordenador.

miércoles, 22 de enero de 2014

rescatando viejos borradores.


En el límite de la montaña llega el mar, espoleado por un viento incesante. Las olas vastas arrancan de las rocas pequeños restos de alguna planta que apenas ha crecido. El impacto es majestuoso, una explosión de aparente vida sacia al paisaje de belleza. Un hombre observa este fenómeno, se plantea interiormente por qué esa imagen es tan llamativa y agradable. La respuesta le llega de forma instantánea, como un eco lejano pero nítido, porque es muy humana.