
Conozco un lugar dónde se esconden los escarabajos. Es bastante oscuro y a veces hasta da un poco de miedo. Solo te contaré lo que nos pasó a tu tío Jorge y a mí cuando fuimos a ese sitio. Ocurrió hace mucho, teníamos una edad parecida a la tuya. Un día, buscando cangrejos en una calita del mediterráneo, vimos un pez de color dorado que se adentraba en una cueva todavía desconocida. Decidimos seguirlo ya que era muy importante que ese lugar fuese explorado. Intentamos capturar al pez para enseñárselo a tus abuelos, teníamos la ventaja de la oscuridad, pero no sirvió de mucho.
Cuando llevábamos un buen rato explorando la cueva, y la oscuridad nos obligaba a guiarnos con las manos (en esas situaciones, los sentidos se agudizan y eres capaz de escuchar cualquier ruido) nos dimos cuenta de la presencia de un gran murciélago, nunca había visto uno tan grande. Y créeme, nos asustamos muchísimo. Empezamos a correr, yo iba delante, y de pronto un chapoteo estridente hizo que me diese la vuelta. Jorge se había caído.
El eco de un aleteo ruidoso apareció al instante. Con el pánico en las venas, intentamos llegar hasta la salida. Leyendas de vampiros e historias de miedo torturaban nuestros pensamientos. Cuando pudimos ver lo que nos perseguía, el miedo fue sustituido por el asco. Una bandada de escarabajos aleteaban entre nuestras cabezas. Es admirable lo torpes que son, muchos chocaron contra nosotros. A tu tío casi le entró uno en la boca y se le posaron tres o cuatro. Me parece que el eco de nuestros chillidos todavía retumba en esa caverna... Es por ese motivo por el que me da mucho asco eso que tienes ahí. Te pido que, por favor, no vuelvas nunca a ponérmelo en la espalda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario