
Caminaba lento, como de costumbre, ligeramente encorvado. Giraba la cabeza de vez en cuando, receloso de ver un rostro conocido o una cara sospechosa. Tenía muy claro su objetivo, conseguir una suma de dinero demasiado elevada para su vida de costumbres. Tras largos minutos de paseo, apareció al alcance de la vista el ansiado banco. Era tal como se lo había imaginado, paredes blancas, un portal custodiado por dos columnas de estilo griego y dos oficiales armados de rostro inquietante, mirada fría y postura intimidatoria. A nuestro hombre esa imagen le produjo vértigo, le entró un pánico controlado, al que supo anteponer sus ganas de riquezas y futuras glorias. Subió el pequeño peldañeado que daba acceso al edificio y pasó entre los dos pilares y los dos guardias. Nadie le registró para ver si llevaba un arma. El disfraz de anciano estaba dando un buen resultado. Se acercó al mostrador, al saludo de buenos días hizo una sonrisa irónica y sacó una pistola, apuntando directamente a la frente de la joven, esta, mirándole a los ojos preguntó con cara extrañada ¿Papá?
Nuestro atracador quiso despertar pero era demasiado extraño como para ser un sueño.
Mola... Pero puestos a inventar palabras, "peldañeado" es un poco fea... :-(
ResponderEliminarjajaja, sinceramente, creía que esa palabra existía (el ordenador la subrayaba pero no se me ocurrió que fuese porque estaba inventada) si la borro tu comentario dejará de tener sentido. Difícil solución este problema tiene...
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