Una canción pegadiza, de estribillo fácil y melodía bailable. Mucha gente con mucha ilusión. Allí arriba el reloj iluminado aguarda el avanzar del tiempo, tan rápido como siempre y sin embargo tan lento... ¿Será ahora el momento? Las uvas esperan para secar las bocas sedientas de vida. La emoción se palpa. ¿A qué esperamos? una aguja capta todas las miradas. Gritos y chillidos incontenidos hacen de banda sonora. Ya no hay canción de fondo. ¿Será ahora el momento? una campanada suena. El mismo comentario de siempre se deja escuchar "son los cuartos"... Se ahoga el ruido. Tensión. Alguien empieza a comer "¡eso es trampa!" sigue comiendo. Primera campanada. Una uva menos, segunda, tercera, cuarta... No puedo más.
Me giro y miro a la gente. Un niño al borde del colapso intenta meterse una uva sin posibilidades. Su madre ríe en una situación parecida. Una pareja joven ha dejado de lado las uvas y comen regalices. Una señora mayor se encuentra entre la marea con su sillita y su cara emocionada, no come nada, solo observa esa juventud tan cercana, tan brillante. Todo es diferente. Un chico alto y encorvado le pregunta a su acompañante "¿Que espera en el futuro?" la respuesta es simple, profundamente simple "ya llegará". La noche avanza. Todos celebran lo mismo, la misma fiesta.
Ahora, que todo se ha calmado y las expectativas han pasado a ser recuerdos solo puedo preguntarme. ¿Cuándo repetimos? Conozco la respuesta, queda un tiempo, ya llegará. Hasta entonces se pueden hacer otras fiestas, otras cenas, otras torradas (barbacoas), otras excursiones, otras cañas, otras "ocas", otros planes, otros partidos... Que cada uno haga lo que quiera hacer. Lo importante del final de año es celebrar lo vivido. Por eso espero que celebremos el año que viene de la misma forma, con las mismas ganas y la misma ilusión. Hasta entonces: ¡Feliz año!.

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