sábado, 24 de diciembre de 2011

¡Feliz Navidad!



Érase una vez, en un día como hoy, una estrella de contorno rojizo y puntas doradas. Esta estrella era como las otras, como esas que acompañan cada noche a los desvelados, o por lo menos lo parecía. Cuenta la leyenda que ésta, hace mucho tiempo, envió una lechuza a tres hombres despiertos, de esos a los que la noche no afecta ni trastorna. El mensaje de la lechuza fue el siguiente: "acaba de bajar al mundo una luz de luces, para iluminar lo oscuro y revelar la antorcha de la verdad, está en el rincón más escondido, y allí reposa en silencio para permitir descansar a los afligidos. Buscadme, yo os indicaré el camino." Esta estrella, cumplió su palabra, les acompañó a cada uno. Según se dice, a veces se ocultaba tras una nube o se escondía dando una luz tenue, casi apagada. No todos los caminos son certeros, y éste de estos tres caminantes no podía serlo menos.

Al mismo tiempo, en otro lugar, había otra escena con otros personajes. En ella unos pastores se veían deslumbrados por la paz de un ángel, éste en un tono familiar y amistoso les dijo "venid, venid. Entre vosotros se halla quien estabais esperando, quien paliará vuestros dolores y vuestros males, quien cargará con vuestra indiferencia para que podáis cantar inocententes hasta alcanzar el esplendoroso gozo. Venid pues a adorar a ese niño, rey de reyes, que por vosotros ha nacido. Venid a adorar a ese niño que, envuelto entre pañales, duerme tranquilo."

Érase una única vez, tan única como irrepetible, en la que el hijo de Dios se rebajó a ser hombre, para sufrir, pensar, comer, llorar, dormir como un hombre. Bajó para servir, bajó para demostrar que amaba a las mentes incrédulas, porque ya amaba antes de bajar, amaba antes incluso de que existiese lo amado. Este hijo de Dios era Dios mismo. Y fue tan hombre que nació como un hombre, llorando, incapaz de hablar y andar. Nació como hemos nacido todos, y vivirá como todos deberíamos desear vivir, con sencillez y coherencia, con amor. Por eso, porque hoy es hoy, me permito decir ¡feliz Navidad!

No hay comentarios:

Publicar un comentario