Lo difícil no es cantar bajo la lluvía. Es aprender a empaparte, a disfrutar de cada gota y convertir así, todo ese ruído en una canción. Lo difícil es empezar a bailar sin darte cuenta y luego seguir sin avergonzarte, sonriendo. Si alguien te mira con cara extraña, invitarle a bailar saltando sobre algún charco. Si se extraña más todavía, alejarte poco a poco sin darle importancia y demostrar a esa jaula gastada de agua que aún puedes seguir bailando. Lo difícil no es hacer el ridículo, lo difícil es saber hacerlo aún cuando está lloviendo.

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