domingo, 26 de diciembre de 2010

Despertar

Al abrir los ojos vio un ente blanco con una forma desconocida, moviéndose por un espacio blanco, decorado con algún que otro objeto de forma extraña. A su izquierda tenía una superficie elevada, en ella se encontraban otros seres semejantes al anterior con otros colores, en su mayoría tonos rojos y verdes. Guiado en todo momento por la curiosidad, siguió con su observación del entorno donde había aparecido. Al fondo podía ver una superficie que irradiaba una luz amarillenta en la que se expresaban símbolos mediante zonas iluminadas, algunas de estas se movían a un ritmo concreto. Había otros objetos, aunque no les dedicó mucha atención.

Le costaba muchísimo encontrarle sentido a todo lo que veía y escuchaba, era como vivir en dos realidades paralelas que no concuerdan. No por ello dejaría de observar, de escuchar o, sobre todo en los primeros días, de oler. Con el olfato podía identificar aquello que no podía entender con la vista o el oído, no era capaz de explicar por qué, pero era el sentido que más usaba en esos días, ahora diría que es absurdo, pero en ese momento, era algo imprescindible.

Al cabo de un rato empezó a escuchar un chillido agudo y constante, este sonido provocó el movimiento del ser rojo, quien dirigiéndose hacia un rincón de la habitación, cogió un objeto blanco, flexible y esponjoso, para luego, acercarse a él y colocárselo con mucho cuidado entre las piernas. Le hacía falta un pañal limpio.

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