
Perfección se encontraba sola. Era la más odiada de todas, pero ella también tenía sus recelos. No soportaba ver a Improvisación cuando tomaba la iniciativa, ni ver cómo Protagonismo intentaba eclipsar a los demás. No conseguía entender cómo en un mundo donde debería reinar Orden se había erigido en el trono a Apariencia, y ésta, más que reinar, parecía volar a los aires de Astucia. Se desesperaba constantemente al darse cuenta de que Justicia se había escondido a la sombra de Cobardía, y se lamentaba al ver que solo unos pocos, como Filosofía e Imaginación, se alumbraban con la llama de Esperanza.
Perfección en el fondo se daba cuenta de que no tenía razón, que ni ella misma era capaz de hacer las cosas que quería que se hiciesen. Pero por su forma de ser, y siguiendo los consejos de Orgullo, siguió siendo la que era, una repelente compañera.
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