
Solo dijo una palabra, tajante, rotunda, no daba pie a ninguna réplica. Sabían perfectamente que no iba a ceder, nunca lo hacía. No por ello dejaban de intentarlo, quién sabe, quizás esa vez fuese el primer punto de inflexión, la propuesta era bastante buena, no era demasiado moral, pero quitando eso, era perfecta. Tenían la esperanza de dar en el clavo, de acertar con el precio de ese hombre.
No se les ocurría la forma de entrarle. Parecía una barrera infranqueable, dudaban si respetarle o simpatizar con él. Le conocían desde hacía 12 años, y aún no sabían cómo manipularlo ni cómo engañarle. Aunque esto último no les convenía, por lo menos dependiendo de él como dependían. Por muy cercano que pareciese, a la hora de hacer tratos con él, siempre estaba distante, recapacitando desde la sombra, haciendo esos cálculos que le caracterizaban, y sus decisiones eran impredecibles pero tajantes. Imponía su autoridad con su presencia, y la ejecutaba, la mayoría de las veces, con una simple mirada. De esta forma se evitaba muchas propuestas indiscretas o preguntas impertinentes.
Sabían que tenían pocas posibilidades y mucho que perder, si seguían con el plan establecido se estaban desenmascarando y para eso no habría vuelta atrás. Lo volvieron a proponer con todos los detalles, usando todas sus cartas y todos los argumentos posibles, desnudando la propuesta hasta los más ínfimos detalles, y por respuesta obtuvieron otro tajante y rotundo NO. Y al no poder ir al circo, para disimular su resignación, se quedaron viendo la tele hasta tarde, como si nada hubiese pasado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario